El Puerto de Marchés es otro de los pasos naturales de la sierra, conocido por su entorno salvaje y menos humanizado. Se sitúa en una zona de gran valor cinegético y forestal, siendo un lugar donde la naturaleza se expresa con total libertad.
El camino hacia el puerto atraviesa zonas de matorral mediterráneo muy denso, hogar de especies emblemáticas como el lince ibérico en sus áreas de expansión. Históricamente, este paso ha estado ligado a las veredas de pastoreo y a la vigilancia de los montes. Desde su cima, las vistas hacia el valle del Bullaque son impresionantes, ofreciendo una perspectiva diferente de la comarca.
Es un lugar silencioso, poco frecuentado por el gran turismo, lo que garantiza una experiencia de soledad y conexión con la montaña muy valorada por los senderistas más experimentados. La geología en Marchés presenta crestas de cuarcita muy marcadas que definen el perfil de la sierra. Es un puerto que exige esfuerzo para ser alcanzado pero que recompensa con la autenticidad de sus paisajes.
Representa la cara más indómita de San Pablo, un lugar donde el tiempo parece haberse detenido y donde la montaña conserva su carácter original de frontera natural entre valles y pueblos.
