La Cueva del Gallo es uno de esos lugares mágicos donde la naturaleza y la leyenda se dan la mano. Se trata de un abrigo natural formado por grandes bloques de granito, típicos del paisaje de “berrocal” de la zona. Pero lo que la hace especial no es solo su geología, sino el hecho de que alberga muestras de arte rupestre esquemático.
Estas pinturas, aunque sufridas por el paso del tiempo, nos hablan de los primeros pobladores que eligieron estos montes para vivir hace miles de años.
Su nombre, según cuentan los mayores, proviene de una formación rocosa que recordaba a la cresta de un gallo, o según otras versiones, de leyendas populares locales.
Visitarla requiere un poco de espíritu aventurero, ya que se encuentra en un entorno natural que invita al senderismo. Al llegar, uno no puede evitar imaginar a aquellos antiguos grupos humanos buscando refugio entre las piedras, vigilando desde las alturas el movimiento de los animales en el valle.
Es un sitio que desprende una energía especial y que nos recuerda que Las Ventas ha sido un lugar estratégico desde la Prehistoria. La protección de este espacio es vital, ya que es un testimonio frágil de nuestra historia más remota. Es un rincón ideal para quienes buscan algo más que monumentos típicos y quieren sentir la conexión directa con la tierra y el pasado más profundo.
