La Presa de Moracantá es, probablemente, el secreto mejor guardado de Villaminaya y uno de los yacimientos arqueológicos más interesantes de la zona. Se trata de una antigua presa de gravedad de origen romano, destinada a embalsar agua para el regadío o para el suministro de alguna villa cercana.
Sus restos muestran un muro de contención robusto, construido con un núcleo de piedras y argamasa (opus caementicium) y paramentos exteriores cuidados. El nombre “Moracantá” añade un tinte de leyenda popular al lugar, sugiriendo historias de antiguas moras que encantaban el agua, algo muy común en la toponimia española para designar lugares de origen antiguo que los lugareños no sabían explicar.
La presencia de esta presa indica que Villaminaya fue, en época romana, un centro de explotación agrícola avanzado que dominaba la hidráulica para combatir la aridez del terreno.
Visitarla es comprender cómo la ingeniería romana transformó el paisaje de los Montes de Toledo, convirtiendo zonas secas en vergeles y dejando una huella de piedra que, a pesar de estar en ruinas, mantiene una dignidad monumental impresionante.
