La Casa Tercia de Gálvez es un edificio que encierra en sus muros la historia económica y fiscal de la España de los Austrias y los Borbones. Su nombre procede del “tercio del diezmo”, la parte de la producción agrícola que los campesinos debían entregar a la Iglesia o a la Corona. Funcionaba esencialmente como un gran granero y almacén de suministros donde se guardaban el trigo, la cebada, el aceite y el vino recolectados.
Estas edificaciones eran fundamentales para la logística del reino y solían ser construcciones de gran volumen, con una arquitectura puramente funcional pero de una solidez envidiable. Sus anchos muros y techumbres de madera estaban diseñados para mantener una temperatura y humedad constantes, protegiendo el grano de las plagas y de las inclemencias del tiempo extremeño y castellano.
En la actualidad, la Casa Tercia se mantiene como un testigo de piedra de la importancia que tuvo la agricultura en Gálvez. A menudo, estos edificios son los más amplios del casco histórico, exceptuando la iglesia, lo que demuestra que el almacenamiento del excedente agrícola era la base de la riqueza y el poder en el pasado.
Arquitectónicamente, destaca su sobriedad: pocas ventanas, portones amplios para el paso de carros y una estructura interna diáfana sostenida por potentes pilares o vigas de madera. Es un ejemplo perfecto de lo que hoy llamamos “arqueología industrial” o civil, ayudándonos a entender cómo se organizaba la supervivencia de la población y el pago de impuestos en una época donde no existía el dinero digital, sino que la riqueza se medía en fanegas de grano.
Visitarla es rendir homenaje al esfuerzo de generaciones de agricultores galveños que hicieron de esta tierra un referente productivo.
