En un entorno de belleza melancólica se encuentran las ruinas del antiguo Convento Franciscano del Castañar. Este monasterio fue un centro espiritual de primer orden en la comarca hasta que la Desamortización de Mendizábal en el siglo XIX provocó su abandono. Hoy, lo que queda de sus muros, arcos y dependencias ofrece una imagen romántica y poderosa de lo que fue la vida monástica en plena naturaleza.
Las ruinas están rodeadas de la vegetación que da nombre al paraje: castaños, encinas y una naturaleza que ha ido reclamando su espacio. Es un lugar que emana una paz mística, muy apreciado por senderistas e historiadores. Pasear entre sus restos permite imaginar el silencio de los frailes y la importancia que tuvo este lugar como centro de cultura y fe para todos los pueblos de alrededor.
Es un punto clave de la Vereda del Fraile y representa el pasado religioso más profundo de Mazarambroz, donde la oración se mezclaba con el trabajo de la tierra en un aislamiento casi total.
