La Ermita de San Francisco es la heredera espiritual del antiguo convento. Situada en un lugar de fácil acceso para los vecinos, es una construcción de arquitectura popular, sencilla y acogedora, donde se rinde culto al santo de Asís. Es un edificio que destaca por su humildad, reflejando perfectamente los valores franciscanos de sencillez y cercanía con la naturaleza.
La ermita es el lugar donde los “mazarambroceños” mantienen viva su devoción. El entorno suele estar muy cuidado y es el centro de pequeñas romerías y actos religiosos locales.
Para el visitante, es un ejemplo de cómo la fe de un pueblo se adapta a los cambios de la historia: cuando el gran convento cayó en ruinas, la comunidad mantuvo su devoción construyendo o manteniendo este espacio más modesto pero igualmente significativo. Es un rincón de tranquilidad que invita a una parada breve en el camino para apreciar la arquitectura religiosa más cercana al pueblo.
