Mazarambroz es un pueblo de piedras que hablan. Si paseas con atención por sus calles principales y sus plazas, descubrirás numerosas portadas de piedra y escudos heráldicos que adornan las fachadas de antiguas casas solariegas. Estos elementos son el reflejo de la pujanza económica que tuvo el pueblo gracias a la agricultura y a su vinculación con la nobleza de Toledo.
Cada escudo cuenta una historia de linaje, honor y poder local. Las portadas, a menudo con arcos de medio punto o dinteles de granito bien labrados, indican la entrada a lo que fueron viviendas de gran importancia. Este tejido heráldico disperso por el pueblo es lo que le da ese aire señorial y auténtico.
El ayuntamiento y la diputación trabajan por su conservación, ya que son la prueba física del esplendor de Mazarambroz durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Es un placer recorrer el pueblo buscando estos detalles pétreos que han sobrevivido a guerras y modernizaciones.
