Mascaraque rinde homenaje a su pintor más ilustre no sólo con murales, sino también con una estatua que lo inmortaliza en el espacio público. Esta escultura suele representar al artista en una actitud creativa, recordando a todos que el genio puede nacer en cualquier rincón, por pequeño que sea.
La estatua se ha convertido en uno de los hitos visuales del pueblo, un lugar donde los visitantes suelen detenerse para conocer más sobre la figura de este maestro del Renacimiento.
Juan Correa de Vivar es la conexión de Mascaraque con la alta cultura europea del siglo XVI. Su estatua no es solo un adorno, es un acto de justicia histórica hacia un hombre que llevó el nombre de su pueblo por todo el reino. La ubicación de la estatua suele ser un lugar destacado, como una plaza o cerca de la iglesia, reforzando la idea de que el arte es un pilar central de la identidad local.
Para el turista, es la oportunidad perfecta para ponerle rostro al autor de tantas obras maestras y para reconocer el esfuerzo de Mascaraque por poner en valor su patrimonio humano y artístico.
