La Ermita de San Andrés mantiene viva una de las devociones tradicionales del municipio. Asociada históricamente a celebraciones vinculadas al ciclo agrícola, su existencia muestra cómo la religión y el trabajo del campo estaban estrechamente relacionados.
Su construcción responde a modelos sencillos, propios de arquitectura popular, priorizando funcionalidad y adaptación al entorno.


