El Centinela es uno de los molinos más significativos del conjunto, no solo por su ubicación sino por la función que cumple actualmente como espacio de recepción e información.
Este molino fue rehabilitado para servir de enlace entre el visitante y la historia del cerro. Su nombre evoca su posición estratégica, como si fuera el primer guardián que recibe a quienes ascienden por la ladera. Arquitectónicamente, conserva la estructura clásica de la molinería manchega: planta circular, muros gruesos de mampostería encalada y una techumbre cónica de madera que permitía orientar las aspas según la dirección del viento.
El interior del Centinela ha sido adaptado para ofrecer una visión didáctica de lo que el viajero va a encontrar en el Cerro Calderico. Es el lugar donde se explica la importancia de la Orden de San Juan y el funcionamiento técnico de los molinos. Como su nombre indica, el Centinela ofrece una vigilancia constante sobre el acceso principal, siendo el punto de partida para recorrer la cresta.
Para el turista, es la introducción perfecta; entrar en su interior es como entrar en una cápsula del tiempo donde el olor a madera antigua y la piedra fresca nos preparan para el encuentro con el castillo y el resto de los molinos. Es un ejemplo magnífico de recuperación de patrimonio industrial para usos culturales, asegurando que estos gigantes no solo sean figuras mudas en el horizonte, sino narradores activos de la historia de Consuegra.
