Acequias

Las acequias de Gálvez son el sistema circulatorio que permitió, durante siglos, que la vida floreciera en las zonas más áridas del municipio. Estos canales excavados en la tierra o construidos con piedra y cal transportaban el agua desde el acueducto, las fuentes o los arroyos hasta cada parcela de cultivo. 

El sistema de acequias de Gálvez es un ejemplo de gestión colectiva del agua, donde las “ordenanzas de riego” regulaban estrictamente los turnos y las cantidades para asegurar que todos los agricultores pudieran beneficiarse del escaso recurso. La red de acequias dibujó un paisaje de huertas que rodeaba el núcleo urbano, creando un cinturón verde de árboles frutales y hortalizas que contrastaba con los campos de cereal y olivar.

Recorrer el trazado de las antiguas acequias es hoy una actividad relajante que permite conocer la microtopografía de Gálvez. En muchos tramos, las acequias van acompañadas de senderos flanqueados por zarzas, juncos y álamos que aprovechan la humedad filtrada. Aunque el riego por goteo ha modernizado la agricultura, el valor histórico de estas infraestructuras sigue presente. Las acequias nos cuentan historias de repartos de agua al alba, de limpiezas comunitarias de los cauces y de una armonía con el territorio que hoy intentamos recuperar mediante el desarrollo sostenible. 

Para el visitante que busca la esencia del mundo rural, las acequias son el recordatorio de que, en los Montes de Toledo, el agua es el bien más preciado y que su correcta distribución fue la clave de la prosperidad y la paz social de la villa de Gálvez a lo largo de su historia.

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