Aunque mencionado en el conjunto de caños, el Pozo Duz merece un apartado propio por su especial relevancia en la historia de Cuerva. Su nombre, que en castellano antiguo significa “dulce”, hace referencia a la excelente potabilidad de sus aguas, algo que no siempre era fácil de encontrar en los pozos de la comarca.
Según las crónicas locales, el agua del Pozo Duz era la preferida por las familias nobles y los eclesiásticos del Colegio de Gramáticos para su consumo diario. Su estructura de piedra es robusta y funcional, situada en un lugar de fácil acceso para el vecindario.
El Pozo Duz es un símbolo de la calidad de vida que Cuerva ofrecía a sus habitantes. Alrededor de este pozo se han tejido innumerables anécdotas y ha sido un punto de referencia para las generaciones de corvanchos. Hoy, restaurado y señalizado, funciona como un monumento a la ingeniería del agua y como un recordatorio de la importancia de cuidar los recursos naturales.
Para el viajero, detenerse ante el Pozo Duz es conectar con la esencia más básica de la supervivencia rural: la búsqueda del agua buena. Es un rincón que destila historia y que invita a valorar los servicios básicos que hoy damos por sentados, pero que en el pasado requerían de una infraestructura cuidada y comunitaria.
